Nuestra historia

Mi padre fue artesano joyero. Mis hermanos aprendieron el oficio. Hoy lo aprende mi hija. Esto es lo que significa cada generación.

Nuestra historia

Cuatro generaciones alrededor de la misma mesa.

Esta casa no empezó con un plan de negocio. Empezó con un hombre inclinado sobre una lámpara, y con una niña que lo miraba trabajar hasta que la mandaban a dormir. Todo lo demás vino después.

El taller de mi padre
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El taller de mi padre

Aprendí a distinguir el oro por el sonido antes que por el color. Mi padre era artesano joyero y su taller no era un lugar al que se entraba de visita: era la casa. Olía a metal caliente y a cera. Sobre la mesa siempre había una pieza a medio terminar que nadie podía mover.

De él aprendí lo que no enseña ninguna escuela: que una joya se termina por dentro, donde nadie va a mirar, y que si el engaste no está perfecto da igual cuánto brille la piedra.

Todavía hoy, cuando reviso una pieza antes de entregarla, la reviso con sus manos.

Mis hermanos
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Mis hermanos

No todos aprendimos lo mismo. Cada quien se fue quedando con una parte del oficio: uno entendió el metal, otro la piedra, otro el engaste.

Con los años, entre todos, el oficio quedó completo. Por eso cuando te decimos que una pieza se hace en casa es literal: la hacen manos con las que crecí, que aprendieron el mismo arte de la misma persona que yo.

Mi turno
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Mi turno

Poner mi nombre en la puerta fue lo más difícil que he hecho. Un apellido heredado pesa: no lo puedes usar y hacer las cosas a medias.

Lo que quise agregar fue lo que a mí me faltó cuando estuve del otro lado del mostrador: tiempo. Sentarme contigo. Enseñarte las piedras y dejarte sostenerlas. Explicarte qué estás viendo, y que te vayas a pensarlo sin que nadie te apure.

Una joya así no se compra de prisa, ni con miedo a preguntar.

Mi hija
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Mi hija

Ahora la veo hacer exactamente lo que yo hacía: acercarse a la mesa, tomar una pieza, levantarla contra la luz. Se está especializando, como se especializó cada uno de los que vino antes que ella.

Y ahí está lo que de verdad te entregamos. No sólo una joya: el mismo taller que la hizo va a seguir aquí cuando la traigas a ajustar, cuando se la des a tu hija, cuando ya no estemos ninguno de los dos.

Cuatro generaciones para llegar a una sola idea: una joya no se compra, se hereda. La nuestra empezó en la mesa de mi padre y sigue en las manos de mi hija.

La tuya empieza el día que eliges la pieza.

Cuatro generaciones

“Una joya bien hecha sobrevive a quien la hizo. Ese es todo el oficio.”

Eloisa Montero