Cuidado de tu joya

Cuidado de tu joya

Hay joyas que llegan para quedarse contigo. Y cuidarlas no requiere grandes rituales:

Cuidar una joya también es una forma de quererla.

Tu joya es el último detalle.
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Tu joya es el último detalle.

Primero la crema. Después el perfume. Espera un momento a que tu piel los absorba y, al final, ponte tu joya.

Las cremas, perfumes y aceites pueden dejar una película muy fina sobre la piedra. Casi no se ve, pero poco a poco opaca la superficie y hace que la luz ya no pase de la misma manera.

Hay una regla muy sencilla que nos gusta recordar:

Tu joya, lo último que te pones y lo primero que te quitas cuando regresas a casa.

Con sólo eso ya la estás cuidando muchísimo.

Una joya está hecha para acompañarte.
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Una joya está hecha para acompañarte.

Pero también hay momentos en los que lo mejor que puedes hacer por ella es dejarla descansar.

  • Cuando haces ejercicio. Las pesas, las máquinas y hasta un golpe pequeño pueden rayar o deformar una pieza.
  • Cuando limpias la casa. Los productos químicos fuertes, especialmente los que contienen cloro, pueden afectar los metales de tu joya.
  • Cuando entras a la alberca. El cloro tampoco es buen amigo de tus piezas, sobre todo si la exposición es frecuente.

No significa que una vez vaya a arruinar tu anillo. Pero con el tiempo, la exposición repetida al cloro puede debilitar algunas aleaciones del oro y comprometer las pequeñas uñas que sostienen una piedra.

Y esas uñas hacen un trabajo enorme siendo casi invisibles.

Por eso, antes de entrar al agua, mejor déjala descansar.

Hay otro hábito que parece mínimo pero evita muchas pérdidas: quítate siempre tus joyas en el mismo lugar.

Puede ser un pequeño plato en tu buró, una charola en tu vestidor o su caja.

Cuando una joya siempre vuelve al mismo sitio, es mucho más difícil perderla.

Las joyas también agradecen que las toquemos con cuidado.
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Las joyas también agradecen que las toquemos con cuidado.

Cuando te pongas o te quites un anillo, intenta tomarlo por el metal: por el aro o por los costados de la pieza, no directamente por la piedra.

Al tocar constantemente la superficie de una piedra puedes rayarla, y esto afectaría la belleza e integridad de la piedra.

No significa que no puedas tocarla.

Significa simplemente que, cuando puedas elegir, tómala por el metal y deja la piedra libre para hacer lo que mejor sabe hacer: recibir la luz y brillar.

Con piedras de color vale la pena tener todavía un poco más de cuidado. Suelen ser más delicadas que un diamante, y por eso se rayan con más facilidad.

Conocer tu piedra también es parte de conocer tu joya.

Las joyas también necesitan su propio espacio.
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Las joyas también necesitan su propio espacio.

Evita guardar todas tus piezas juntas y sueltas dentro de una misma caja. Cuando se mueven, se rozan entre ellas; una piedra más dura puede rayar otra piedra, y los metales también pueden rayarse.

Lo ideal es guardar cada pieza por separado.

Una bolsa aterciopelada, un pequeño compartimento o su propia caja son suficientes.

Cada joya en su espacio.

Además de protegerlas, hay algo bonito en este pequeño ritual: abrir una bolsa, sacar una pieza y elegirla para ese día.

Y cuando viajes, hacerlo así te ayudará a llevarlas contigo de manera mucho más segura.

Cómo cuidar tu joya
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Cómo cuidar tu joya

De vez en cuando, tu joya va a pedirte un poco de atención.

No porque haya perdido su belleza, sino porque la vida también se va quedando sobre ella: crema, jabón, polvo, aceite de la piel.

En muchas piezas, recuperar el brillo es más sencillo de lo que imaginas.

Para joyas con diamantes y piedras preciosas.

  1. Déjala unos minutos en agua tibia con unas gotas de jabón líquido. Esto ayuda a aflojar los residuos que se acumulan, especialmente debajo de la piedra.
  2. Usa un cepillo de cerdas muy suaves. Pon especial atención en la parte inferior de la piedra y en los pequeños espacios de la montura, ahí es donde se acumula el sarro, evitando pasar el cepillo por la parte superior de la piedra.
  3. Enjuágala con agua limpia. Hazlo siempre sobre un recipiente o con el desagüe completamente cerrado, para evitar perder la pieza.
  4. Sécala con un paño suave y limpio. Sin frotarla con fuerza.

Después, acércate a una ventana.

Muévela un poco bajo la luz.

Ese momento en el que vuelve a aparecer el brillo es una de nuestras partes favoritas.

Una nota importante

No todas las piedras deben limpiarse de la misma manera.

Una de las características del diamante es su dureza: es resistente, y pasar el cepillo sobre su superficie no lo raya ni afecta la integridad de la piedra.

Las piedras de color, por su dureza, sí pueden rayarse al pasar el cepillo por la superficie. Con ellas recomendamos tallar sólo por la parte de abajo y alrededor de la piedra, siempre con el cepillo de cerdas suaves.

Si tienes duda, tráela con nosotros.

Revísala de vez en cuando
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Revísala de vez en cuando

Hay un pequeño gesto que puede evitar una pérdida enorme.

Cada cierto tiempo, observa tu joya de cerca y comprueba con mucha suavidad que la piedra siga firme en su lugar.

Puedes tocarla apenas con la yema del dedo.

Si percibes movimiento, escuchas un pequeño sonido al acercarla al oído o notas alguna de las uñas levantada, deja de usar la pieza.

No esperes a ver qué pasa.

Es mejor traer una joya un día antes que buscar una piedra un día después.

Esta revisión forma parte de Cuidado Eloisa.

Una joya bien cuidada sigue viviendo contigo.

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